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viernes, 19 de junio de 2026

En los últimos años, el incremento de la criminalidad y la violencia se ha consolidado como una de las preocupaciones más apremiantes tanto en Latinoamérica como a nivel global. Ante la desesperación de la ciudadanía, la respuesta de la clase política suele caer en el "populismo penal": promesas electorales de condenas desmesuradas, militarización de las calles y la creación de mega-prisiones que, aunque calman temporalmente la indignación pública, carecen de un respaldo científico real. El debate público se ha polarizado en discursos ideológicos que ignoran los datos, convirtiendo la seguridad en un botín electoral. Sin embargo, la criminología cuantitativa y la economía del comportamiento llevan décadas estudiando de manera rigurosa qué factores causan realmente las fluctuaciones en las tasas de delincuencia. Para diseñar políticas públicas que salven vidas de verdad, es indispensable cruzar el puente de la retórica política y adentrarse en las teorías científicas que, mediante experimentos de campo, econometría y datos empíricos robustos, sí han logrado demostrar su efectividad.



Mayor desigualdad, mayor el "premio" y mayor el crimen

Imagina que eres un robot sin juicio moral sobre lo bueno, lo malo, lo legal o lo ilegal; solo eres un procesador racional que calcula el riesgo y el beneficio de cada una de sus acciones. Al despertar, el sistema te presenta dos opciones para conseguir recursos: trabajar ocho horas cargando cajas para obtener una remuneración mínima o asaltar un camión de mercancía valiosa que te tomará media hora. Como robot, no sientes culpa ni remordimiento; simplemente mides la probabilidad de que te atrape un guardián, la sanción en caso de captura y el valor del botín. Si el salario legal es miserable y el botín es gigantesco, respetar la ley deja de ser una obligación ética para transformarse en un cálculo de rentabilidad puramente negativo. No, los delincuentes no son robots, pero la vida les enseña a hacer el mismo cálculo. Y quizás justamente porque no son robots, es que la matemática los golpea más duramente y deben dejar de lado sus propios límites éticos. 

Este es el núcleo del célebre modelo de elección racional formulado por el Premio Nobel Gary Becker, quien formalizó el delito como una ecuación matemática donde la decisión de delinquir depende de la probabilidad de condena, la gravedad del castigo y las oportunidades socioeconómicas disponibles: $O=O(p,f,u)$. Modernizaciones de esta teoría demuestran que, en sociedades con una enorme brecha de ingresos, se genera un "premio de la desigualdad" o "premio al delito": la distancia entre los salarios de miseria del mercado legal y el valor de los bienes concentrados en manos ricas hace que el crimen sea económicamente irresistible. Es importante destacar que la pobreza no genera incentivos al delito, sino la desigualdad. No importando qué tan rico sea un país, siempre encontraremos formas de delincuencia mientras exista desigualdad.

Además, bajo esta lógica, el encarcelamiento sistemático degrada el capital humano legal del individuo, lo que explica científicamente la reincidencia como una decisión racional: al salir de prisión, sus oportunidades laborales legítimas son aún más bajas, haciendo que delinquir vuelva a ser su opción financiera más viable. 

Más pupitres y mejores salarios destruyen los incentivos de comenzar a delinquir

Imagina que estás decidiendo entre matricularte en la universidad para graduarte como programador de software o unirte a una banda local para asaltar transeúntes. Si sabes que tu título te garantizará un empleo estable con un salario alto y comodidades, pasar tres años en una celda hacinada tras ser arrestado representa un costo descomunal: no solo perderás tu libertad presente, sino también cientos de miles de dólares en ingresos futuros que habrías ganado legalmente. El valor de tu tiempo legal es tan inmenso que arriesgarlo por un robo de pocos billetes resulta absurdo. En cambio, si tu única perspectiva legal es un empleo informal sin salario mínimo, el costo de perder ese futuro es prácticamente cero.

Esta dinámica describe el "costo de oportunidad" teorizado en el desarrollo del capital humano. Los economistas Lance Lochner y Enrico Moretti demostraron de forma causal, utilizando cambios históricos en las leyes de escolaridad obligatoria en Estados Unidos, que la educación es uno de los inhibidores estructurales más potentes del crimen. Su investigación arrojó que completar la escuela secundaria reduce la probabilidad de encarcelamiento en un 0.76% para hombres blancos y un 3.4% para hombres negros, llegando a explicar hasta el 23% de la brecha de encarcelamiento racial. La escuela no solo aumenta los salarios futuros del individuo, elevando drásticamente el costo de la prisión, sino que disminuye el tiempo de ocio sin supervisión y reduce la impaciencia temporal de los jóvenes, reorientándolos hacia proyectos de vida a largo plazo.

Más ojos vigilando en la calle importan mucho más que celdas más oscuras

Imagina a un conductor que va a gran velocidad por una carretera desierta. Sabe que la multa si lo atrapan es moderada, pero nota que hay una patrulla de policía estacionada de manera visible cada kilómetro. El conductor frena de inmediato; la certeza de que será detectado es del 100%. Ahora, imagina la misma autopista completamente vacía, pero con un cartel gigante que reza: "Pena de muerte para quien exceda el límite de velocidad". El conductor mira a su alrededor, asume que nadie lo vigila y decide pisar el acelerador al fondo, convencido de que la brutalidad del castigo es irrelevante porque nadie estará allí para imponerlo.

Este principio psicológico y económico diferencia la "certeza" de la "severidad" en la disuasión del delito. El trabajo de Aaron Chalfin y Justin McCrary demostró que la fuerza policial tiene un impacto disuasorio masivo si se corrige el ruido estadístico de los datos: un aumento del 10% en el número de policías reduce el crimen en aproximadamente un 5% (una elasticidad de -0.5). Los delincuentes activos suelen ser personas que toleran el riesgo, lo que significa que son sumamente sensibles a la probabilidad real de ser atrapados (certeza), mientras que las condenas extremadamente largas escritas en el código penal (severidad) no les disuaden en absoluto porque operan bajo el supuesto de que evadirán la captura. Así, la presencia policial visible y bien distribuida salva vidas de manera costo-efectiva, generando un "doble dividendo": reduce el crimen violento y disminuye la necesidad de arrestos masivos.

La ocasión hace al ladrón, pero una buena cerradura deshace la ocasión

Imagina que un lobo hambriento camina por el bosque y se topa con una oveja descarriada sin pastor a la vista; el ataque es inevitable. Sin embargo, si encerramos a la oveja dentro de un corral de alta seguridad con cercas electrificadas, el lobo, por más hambriento y motivado que esté, se verá obligado a seguir de largo sin comer. No tuviste que reeducar al lobo, ni convencerlo de ser vegetariano, ni encerrarlo en una jaula por el resto de su vida; simplemente alteraste las condiciones del espacio físico para hacer que el ataque fuera imposible.

Este es el fundamento de la Teoría de las Actividades Rutinarias de Cohen y Felson y la "Hipótesis de la Seguridad" de Graham Farrell, que sostienen que el delito ocurre cuando coinciden en el espacio y tiempo un ofensor motivado, un objetivo atractivo y la ausencia de protección. Durante la pandemia de COVID-19, se llevó a cabo un experimento natural masivo: el confinamiento obligatorio alteró las actividades de la población, provocando una caída global inmediata del 37% en el crimen urbano al vaciar las calles de objetivos fáciles. Del mismo modo, Farrell demostró que la histórica caída del delito en los años 90 en los países desarrollados no se debió a un cambio moral de los delincuentes, sino a mejoras tecnológicas de seguridad masiva, como inmovilizadores electrónicos en los autos y mejores cerrojos en las casas, eliminando las oportunidades sencillas que iniciaban las carreras delictivas de los jóvenes.

La inflación vacía los bolsillos legítimos y enciende el mercado negro

Imagina un joven de clase baja que termina la escuela en medio de una profunda recesión económica. Al salir al mercado laboral, se encuentra con que no hay una sola vacante disponible y el seguro de desempleo es inexistente. En medio de la desesperación por pagar el alquiler y comprar comida, un conocido le ofrece dinero rápido por transportar mercancía ilegal. El joven acepta. Es arrestado en su primer encargo. A partir de ese día, el registro de antecedentes penales destruye de por vida cualquier posibilidad de conseguir un empleo formal y decente, condenándolo a una carrera delictiva permanente.

La coyuntura económica influye en el crimen a través de canales directos e indirectos. Investigaciones econométricas muestran que ingresar al mercado laboral durante una recesión provoca una cicatriz duradera en los jóvenes marginados, aumentando significativamente su probabilidad de por vida de ser arrestados o terminar encarcelados debido al impacto inicial en sus ingresos legítimos. Por otro lado, la inflación funciona como un motor inmediato del delito contra la propiedad. El aumento desmedido de los precios de la canasta básica erosiona el poder adquisitivo de la población y dispara la demanda social de bienes de consumo baratos en mercados clandestinos. Este auge de la demanda en el mercado negro eleva el valor de las cosas robadas, incrementando los incentivos financieros directos para que los ladrones y asaltantes salgan a conseguir mercancía, disparando de inmediato las tasas de robo y hurto.

Interesante, pero sin consenso

La hipótesis de la legalización del aborto y el crimen: Formulada originalmente por John Donohue y Steven Levitt, postula que la legalización del aborto en EE.UU. en 1973 redujo las tasas de criminalidad en la década de 1990 al evitar el nacimiento de niños no deseados en entornos de alta vulnerabilidad socioeconómica. Si bien en 2019 los autores publicaron una actualización que ratifica su tesis con datos de las últimas dos décadas, la hipótesis sigue siendo sumamente controvertida en el ámbito científico. En 2005, los investigadores Foote y Goetz descubrieron un error informático crítico en el código original de Donohue y Levitt (la omisión de variables de interacción año-estado y el uso de totales de arrestos en lugar de arrestos per cápita). Al corregir este error, la relación significativa entre el aborto y la delincuencia desapareció, abriendo un debate metodológico que aún divide a los economistas.

La hipótesis del plomo ambiental: Esta conocida tesis sostiene que la masiva reducción de la delincuencia a finales del siglo XX se debió a la prohibición del plomo en la gasolina, disminuyendo la exposición infantil a esta neurotoxina que daña la corteza prefrontal y fomenta la impulsividad y la agresión. No obstante, la ciencia cuantitativa ha puesto en duda la magnitud real de este efecto. Un riguroso meta-análisis publicado en 2022 por Higney, Hanley y Moro que analizó 24 estudios demostró que esta literatura padece un severo sesgo de publicación. Al depurar este sesgo y centrarse únicamente en estudios cuasi-experimentales rigurosos, el impacto del plomo cae de forma dramática, demostrando que la eliminación del metal solo explica entre el 7% y el 28% de la reducción de homicidios en EEUU., dejando el 80% del descenso inexplicado.

Las leyes de portación libre de armas ("Right-to-Carry"): John Lott popularizó a finales de los 90 la tesis de que permitir a los ciudadanos portar armas ocultas disuadía a los delincuentes de cometer asaltos. Sin embargo, la investigación moderna con técnicas estadísticas avanzadas ha sepultado esta premisa. Estudios del National Bureau of Economic Research (NBER) que utilizan el Método de Control Sintético demuestran que las leyes de portación libre de armas aumentan los delitos violentos agregados entre un 13% y un 15% una década después de su implementación. Esto se debe a que la libre portación dispara los robos de armas en las ciudades en un 50% (proveyendo de armamento al mercado ilegal) y satura el trabajo de las fuerzas policiales, reduciendo las tasas de resolución delictiva en un 9%.

Tendencias sin evidencias

El aumento de la severidad de las penas y la encarcelación masiva: El pilar fundamental del populismo penal es que penas brutales y la construcción ilimitada de cárceles detienen la criminalidad. La evidencia empírica demuestra que esta premisa tiene retornos decrecientes extremos. Aunque la encarcelación de criminales altamente peligrosos tuvo un impacto limitado en los años 80 y 90, la expansión de las prisiones posterior al año 2000 tiene un efecto de protección que estadísticamente es indistinguible de cero. Al masificar el sistema penitenciario, el Estado encierra a delincuentes de bajo riesgo y no violentos, al tiempo que destruye la economía de los hogares más vulnerables y desestabiliza las redes de apoyo comunitario. Esto genera un efecto adverso: se cruza un "punto de inflexión" social en el cual la reclusión masiva desorganiza de tal forma los barrios que termina disparando la delincuencia en lugar de frenarla.

La teoría de las "Ventanas Rotas" y las políticas de Tolerancia Cero: Popularizada por la gestión de Rudolph Giuliani en Nueva York, esta hipótesis sostiene que castigar de forma implacable las pequeñas incivilidades (vandalismo, evasión del metro, personas sin hogar durmiendo en las calles) previene que se cometan delitos graves como el homicidio. A pesar de su enorme fama en la opinión pública, la teoría ha sido refutada por la investigación cuantitativa. Experimentos de campo controlados demuestran que las intervenciones policiales agresivas basadas en el mantenimiento del orden de "ventanas rotas" no tienen ningún efecto estadístico significativo en la reducción del crimen violento ni mejoran la eficacia colectiva de los vecindarios. Por el contrario, estas políticas de hostigamiento sistemático ignoran por completo los determinantes socioeconómicos subyacentes y destruyen la legitimidad de la policía frente a los ciudadanos, socavando la cooperación comunitaria indispensable para resolver delitos.

Delicuencia y delicuencias

Finalmente, es vital comprender que la delincuencia no se reduce únicamente a una fría ecuación matemática o a la presencia física de cerraduras y patrullas. El crimen es, en esencia, un fenómeno sociocultural profundamente arraigado en las relaciones humanas: se aprende en el seno de grupos de pares, se contagia por imitación y presión social, y se transmite de generación en generación en comunidades marginadas donde el tejido social ha sido devastado. Para que la actividad delictiva florezca, se requiere siempre un elemento de alienación y desconexión con el colectivo.

No es extraño, en las sociedades más seguras suelen ser países pequeños donde la desigualdad es menor y hay cierta homogeneidad, por ejemplo, Finlandia y Japón. Es más fácil empatizar y es difícil causar daño a quien uno ve como un igual. Es difícil ser antisocial en una sociedad que acoge y protege a sus miembros. Por el contrario, sociedades con muchos recursos pero profundamente desiguales y segregacionistas tienen niveles mucho más altos de violencia. Por ejemplo, EEUU tiene muchas ciudades con tasas de criminalidad similar o peor que varias capitales de Latinoamérica, pese a que es de las economías de mayor ingreso per capita del mundo.

Para vencer la violencia en Latinoamérica y el mundo, la ciencia nos demuestra que el camino no es la brutalidad estéril del populismo penal, sino la reconstrucción de la educación, el fortalecimiento de la certeza policial y la recuperación de la cohesión comunitaria.

Fuentes:

Artículo original: Becker, G. S. (1968). Crime and Punishment: An Economic Approach. Journal of Political Economy, 76(2), 169-217.  

Análisis de desigualdad y el "premio al delito": Fajnzylber, P., Lederman, D., & Loayza, N. (2002). Inequality and Violent Crime. Journal of Law and Economics, 45(1), 1-39.  

Deprivación relativa: Runciman, W. G. (1966). Relative Deprivation and Social Justice. University of California Press.  

Artículo original (Efecto causal de la educación): Lochner, L., & Moretti, E. (2004). The Effect of Education on Crime: Evidence from Prison Inmates, Arrests, and Self-Reports. American Economic Review, 94(1), 155-189.  

Marco teórico del capital humano y criminalidad: Lochner, L. (2004). Education, Work, and Crime: A Human Capital Approach. International Economic Review, 45(3), 811-843.  

Artículo original (Elasticidad y corrección de errores): Chalfin, A., & McCrary, J. (2018). Are U.S. Cities Underpoliced? Theory and Evidence. Review of Economics and Statistics.  

Efectos distributivos y dividendo de arrestos: Chalfin, A., & McCrary, J. (2018). The Effect of Police on Crime: New Evidence from Race-Specific Estimates.  

Origen de Actividades Rutinarias: Cohen, L. E., & Felson, M. (1979). Social Change and Crime Rate Trends: A Routine Activity Approach. American Sociological Review, 44(4), 588-608.  

La "Hipótesis de la Seguridad" (Seguridad tecnológica y caída del crimen): Farrell, G., Tilley, N., Tseloni, A., & Mailley, J. (2008). The Crime Drop and the Security Hypothesis. British Society of Criminology Newsletter, 62, 17-21.  

Impacto de la Pandemia de COVID-19 (Experimento natural global): Nivette, A. E., et al. (2021). A global analysis of the impact of COVID-19 stay-at-home restrictions on disaster and crime in 27 cities. Nature Human Behaviour, 5, 1514–1522.  

Efecto cicatriz en jóvenes durante recesiones: Bell, B., Bindler, A., & Machin, S. (2018). Crime Scars: Recessions and the Making of Career Criminals. Journal of Political Economy, 126(3), 1163-1199.  

Elasticidades del desempleo y recesión contemporánea: Raphael, S., & Winter-Ebmer, R. (2001). Identifying the Effect of Unemployment on Crime. Journal of Law and Economics, 44(1), 259-283.  

Inflación y delincuencia adquisitiva (Cointegración y demanda de bienes robados): Tang, C. F., & Lean, H. H. (2007). Will Inflation Increase Crime Rate? New Evidence from Bounds and Modified Wald Tests. Global Crime, 8(4), 311-323.  

La hipótesis del aborto y el crimen (Original): Donohue, J. J., & Levitt, S. D. (2001). The Impact of Legalized Abortion on Crime. Quarterly Journal of Economics, 116(2), 379-420.  

Réplica y detección del error de código: Foote, C. L., & Goetz, C. F. (2008). The Impact of Legalized Abortion on Crime: Comment. Quarterly Journal of Economics, 123(1), 407-423.  

Actualización de dos décadas: Donohue, J. J., & Levitt, S. D. (2019). The Impact of Legalized Abortion on Crime over the Last Two Decades. American Law and Economics Review, 21(2), 269–326.  

Meta-análisis del Plomo Ambiental (Sesgo de publicación): Higney, A., Hanley, N., & Moro, M. (2022). The lead-crime hypothesis: A meta-analysis. Regional Science and Urban Economics, 97, 103826.  

Efectos reales de la portación libre de armas (Right-to-Carry): Donohue, J. J., Aneja, A., & Weber, K. D. (2019). Right-to-Carry Laws and Violent Crime: A Comprehensive Assessment Using Panel Data and a State-Level Synthetic Control Analysis. Journal of Empirical Legal Studies, 16(2), 198-247.

La ilusión de la severidad y retornos decrecientes de la prisión: Gainsborough, J., & Mauer, M. (2000). Diminishing Returns: Crime and Incarceration in the 1990s. The Sentencing Project.

Efecto nulo del encarcelamiento post-2000: Stemen, D. (2017). The Mass Incarceration Myth: More Incarceration Will Not Reduce Crime. Vera Institute of Justice.

Teoría de Ventanas Rotas (Original): Wilson, J. Q., & Kelling, G. L. (1982). Broken Windows: The police and neighborhood safety. The Atlantic Monthly.

Falta de impacto de las políticas de orden táctico en la criminalidad: Braga, A. A., et al. (2024). The effects of hot spots policing crackdowns on neighborhood residents: Results from a randomized field experiment.

Teoría de la Eficacia Colectiva (Contrapropuesta a Ventanas Rotas): Sampson, R. J., Raudenbush, S. W., & Earls, F. (1997). Neighborhoods and Violent Crime: A Multilevel Study of Collective Efficacy. Science, 277(5328), 918-924.

martes, 31 de marzo de 2015

Peces gordos: Desmenuzando la lista FORBES

Hace muy poco salió la lista de los más groseramente ricos el mundo, Forbes Billionaries 2015. Una lista que siempre causa revuelo, fascinación, envidia o indignación. La imagen de la riqueza y el poder asociado a ésta despierta el interés y las pasiones de varios. Pero más allá de esa primera impresión ¿podemos leer esos números? ¿podemos ir más allá de las cuentas bancarias y ver las caras del poder económico?¿Saber quiénes son estos 1826 multimillonarios? demos un vistazo.

Ilustración por Paul Rumsay

El más millonario de la nación ¿o más millonario que la nación?


Para estar en la lista de Forbes solo hay que tener- al menos- mil millones de dolares. Una cifra con demasiados ceros (9 para ser exactos) y ya que la mayor parte de nosotros no estamos acostumbrados a manejar tales cantidades, es lógico que  nos cueste imaginarlo, así que decidí poner los datos en contexto.

Para tener una idea más acabada de cuanto dinero estamos hablando, crucé los datos de Forbes con los del FMI, la información más reciente del 2014. Así, comparé la riqueza de los super-ricos contra la riqueza del país de origen de estos, calculando el porcentaje que representaban sus riquezas combinadas (sumé los millones de los ricos de cada país) en relación al PIB, y me llevé unas cuantas sorpresas....

Como por ejemplo: Jacky Xu, multimillonario chino, nacionalizado en San Cristóbal y Nieves (unas pequeñas islas en el caribe), tiene una fortuna 47% más grande que la de "su nación" completa, aunque sus actividades y residencia siguen estando en China. Además descubrí que Swazilandia no es sólo uno de los países más pobres y desiguales del mundo, también uno de sus nacionales (Nathan Kirsh) tiene un patrimonio superior al de su país completo, obviamente, él no vive allí y tiene sus negocios principalmente en el Reino Unido.

Ya había considerado que los millonarios no generaron toda su riqueza en su país de origen y de seguro tienen inversiones en varios, pero no deja de ser sorprendente que el tamaño de su patrimonio supere el de naciones completas, o, como el caso de Hong Kong, en que unos pocos ciudadanos tengan en conjunto una riqueza similar a sus países (84%). Aquí a una mirada al top 20 de los millonarios con más "peso" en sus respectivas naciones (los gráficos son interactivos, como me gustan).


En Iberoamérica, Chile y México lideran en el ranking, pese a tener menos millonarios que Brasil (lo que muestra una desigualdad bastante alta, incluso entre super-ricos). En general la región se distribuye por toda la lista, sin mostrar una tendencia unificada.


El tamaño importa: estudio por variables 


No conforme con ello, decidí explorar un poco más los datos y hacer dos ejercicios más: una lista de ratios entre las variables y una serie de regresiones para tratar de comprobar alguna correlación entre millonarios y sus fortunas con datos socioeconómicos, por PIB per capita o población: la más interesante (con una exactitud bastante alta) es la relación PIB y cantidad de millonarios. 

Este pequeño modelo nos dice una realidad aparentemente obvia, mientras mayor la riqueza de un país (sin importar la cantidad de habitantes) mayor probabilidad de tener varios multimillonarios. Así que a partir de ahí se me ocurrieron dos de formas de rankear a los países- para saber quién tenía más millonarios de los que su PIB les "permitía": Normalizando por su PIB, o sea hacer comparable la cantidad de millonarios a través de un ratio (millonarios/PIB). La segunda es considerar la línea de la regresión como valor "normal" y medir cuanto se desviaba cada país de ese valor normal.

El problema del primer análisis es que es estático, supone que la variación en cada nivel de riqueza es igual; el problema con el segundo es confiar en la exactitud del modelo como resultado "normal", ya que el valor de esta recta fue distorsionado por la dispersión original de los datos. 

Como ambos métodos brindaban información interesante y porque el público de este blog de seguro es bastante curioso, decidí dejar ambos ambos rankings a su disposición:





En ambos rankings Japón puntea muy bien, con muchos menos millonarios de lo que esperaríamos para el tamaño de su economía. Por el otro, Taiwan y Singapur siempre parecen tener malos resultados.


Industrias millonarias


¿Quieres ser multimillonario? bien tengo algunas recomendaciones sobre a qué industria dedicarte:



Forbes nos da una pista sobre el origen de la riqueza de la mayor parte de los millonarios (aunque esta parte de la base de datos era la con más errores) y sorpresa, las finanzas destacan. Pero ¿qué tan significativo son estos porcentajes? Hay que poner los datos en contexto nuevamente. En este caso la información de cómo se distribuye el PIB mundial según actividad económica no estaba tan a mano, los mejores datos los encontré en la OCDE, pero ya nos dan una referencia. El gran problema con este tipo de datos es que cada nación clasifica las actividades económicas de manera distinta y no es fácil seguirle la pista a todas. Así que si reajustamos un poco las categorías a las divisiones OCDE podríamos tener algo así:





Lo cierto es que ninguna de estas categorías es tan precisa como quisiera, pero nos da una idea sobre proporciones. Por lejos la mayor cantidad de millonarios se da en las finanzas, pero en proporción están sub-representados en relación  la economía mundial en general.

La multi-ambición

Existe un tercer dato importante de destacar de esta lista, corresponde a los países que no tienen representantes mil millonarios (en Forbes están representados 69 países, versus 190 de la lista del FMI), si bien la mayoría de los excluidos corresponde a países pobres (aunque también los hay entre Forbes), existen varios de PIB y PIB per capita alto y medio que se extrañan, como por ejemplo Costa Rica, Uruguay, Luxemburgo o Corea del sur (del que según nuestro modelo esperábamos unos 32,8 millonarios). ¿Nos dice esto algo sobre cómo distintos países persiguen el fin de alcanzar riquezas absurdamente elevadas? ¿Es la persecución de riqueza a estos extremos un valor cultural universal o es esa misma fascinación que despierta la lista Forbes lo que atrae? Sin duda un tema a explorar en un próximo artículo.



Recursos
  • Forbes Billionaries 2015, http://www.forbes.com/billionaires/
  • Fondo Monetario Internacional, Octubre 2014, World economic Outlook: http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2014/02/weodata/index.aspx 
  • OECD, 2015, Value added by activity (indicator). doi: 10.1787/a8b2bd2b-en (Accessed on 01 April 2015)


viernes, 23 de mayo de 2014

Resolver la desigualdad: 2 Estudios por el bienestar y contra la miseria


Hay un debate bastante extendido sobre la desigualdad estos días. Mientras algunos dicen que no es importante, que la riqueza general y el crecimiento es más importante, otros como Joseph Stiglitz y Paul Krugman (ambos premios Nobel de economía) dicen que importa y es un hecho que la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Tal como mucha gente lo ha estado experimentando en su vida diaria, tal como nos han mostrado movimientos como Occupy Wallstreet, los Indignados u otras protestas en el mundo. Pero ¿qué es lo importante en todo esto?

Así que aquí dos importantes investigaciones para tener en cuenta, úselos como argumentos a discreción cuando quiera hablar del tema o critiquemos con bases.

Desigualdad en la pobreza: Impedimento para el desarrollo.


En el libro Why Nations Fail (Por qué fracasan las naciones), el economista Daron Acemoglu y el Politólogo James Robinson, intentan explicar por que algunos países se han vuelto ricos y otros siguen en la pobreza. Su respuesta descansa en un aspecto que, como hemos dicho antes,  puede ser considerado parte de la cultura. Las instituciones.

Aunque en un primer vistazo rechazan las hipótesis simples de que la cultura explica estas diferencias, se referían básicamente a ésta como factores puramente ideológicos (como una ética del trabajo o ambición de riqueza) y hacen notar las diferencias entre poblaciones con la misma cultura pero diferentes ingresos (como Corea del norte y del sur o lo pueblos de origen mexicano en EEUU y México). De esta forma sólo se concentran en las instituciones políticas, que decantan a su vez en instituciones económicas, que permiten el crecimiento económico. En términos simples los autores proponen la existencia de dos tipos de instituciones: Las extractivas (de los países pobres) y las inclusivas (de los países ricos).

Para estos renombrados estudiosos (los rumores cuentan que Acemoglu va de candidato al Nobel pronto) las instituciones extractivas se caracterizan por la existencia de una "élite" que extrae riqueza del resto de la sociedad. De esta forma, el grueso de la población pierde todo incentivo para ser más productivo, ya que incrementar su esfuerzo no implica mayor beneficio para ellos sino para la élite. Además esta élite hará todo lo posible por conservar su privilegio, como desincentivar cualquier innovación que pueda producir dinamismo en la sociedad (miedo a la destrucción creativa), aparte de destruir anticipadamente cualquier oposición o competencia a su poder.

Para agravar el asunto, la población oprimida tenderá a revelarse y si, pese a los esfuerzos de reprimir a la oposición, un grupo logra derrocar a la élite, se corre el riesgo de caer en la "ley de hierro de la oligarquía". En tal caso la élite es simplemente sustituida por el nuevo grupo vencedor, el que mantendrá las instituciones extractivas con el resto (el poder corrompe, ¿no?).


Campo de trabajos forzados del Khmer Rouge en Camboya. Si bien el Khmer buscó terminar con la dictadura militar y el colonialismo en Camboya, una vez en el poder, profundizó rápidamente las instituciones extractivas, perpetrando incluso un genocidio de más de 2 millones de personas. Otras instituciones extractivas han sido la servidumbre feudal, el esclavismo y más actual, las oligarquías del capitalismo clientelísta.

Sin embargo, si la revolución es inclusiva y amplia, es posible que se gesten instituciones que limiten el poder
de los nuevos gobernantes (como alternancia en el poder, división de estos, votación) y se abran posibilidades para que todos puedan influir en las decisiones políticas, generando cambios y dinamismo. Se crean instituciones inclusivas que permiten el cambio y la innovación. El beneficio es más probablemente distribuido según el esfuerzo personal, por tanto hay un incentivo a aumentar la productividad y los talentos de la población son mejor distribuidos, potenciando los distintos sectores de la sociedad. De esta forma se resuelve la desigualdad institucional y con ello toda la distorsión sobre el sistema que genera una élite con demasiado poder.

Cuando a la reina Isabel I de Inglaterra le presentaron el primer diseño de una maquina hiladora, aunque sorprendida del ingenio, rechazó conferirle una patente a su inventor, ante el hecho de que la máquina reemplazaba el trabajo de 10 tejedoras, y 10 tejedoras sin trabajo eran 10 trabajadoras que hacían revuelas y como reina y para conservar su reinado tenía que evitar revueltas.  Todo cambió después de la Revolución Gloriosa de 1688, cuando el parlamento (que representaba múltiples intereses) otorgó patentes para muchos inventos que desencadenaron en la revolución industrial.


El libro además agrega que tales instituciones políticas permiten un escenario más justo que genera crecimiento económico, destruyendo economías ineficientes por otras mejores (destrucción creativa). Obviamente deben existir garantías políticas de que instituciones económicas inclusivas, como los mercados, sigan siendo tal, por ejemplo a través de un sistema de justicia en que los actores menos poderosos estén en igualdad de condiciones para defender sus causas que los más. De cualquier modo es posible que el sistema vaya segregando, especialmente si las instituciones económicas inclusivas no se sustentan en las instituciones políticas inclusivas.

Esto podría ser el caso de China y Singapur, en que instituciones económicas inclusivas están bajo un sistema político extractivo. Un escenario en que el crecimiento económico no podría durar, repitiendo fenómenos de crecimiento rápido bajo instituciones extractivas (como durante los 50, 60 y 70 con la URSS) pero que no son sostenibles en el tiempo. Además están los casos de la crisis de los Trust en 1890 y la financiera del 2008 en EEUU, en que el mercado creo gran concentración de la riqueza (desigualdad), haciendo peligrar la democracia Estadounidense. 

Lamentablemente el desarrollo de países ricos con instituciones inclusivas ha aumentado la desigualdad global, ya que la influencia de naciones más poderosas que otras ha desembocado en colonialismo y neocolonialidad. Una clase de desigualdad que ha dejado a los países ricos como extractores de los recursos naturales de los demás, impidiendo el desarrollo de sus propias instituciones inclusivas, fomentando el poder de las élites locales.

Desigualdad en la riqueza: Impedimento para el bienestar



Los epidemólogos Richard Wilkinson y Kate Pickett, en el libro The Spirit Level: Why Greater Equality Makes Societies Stronger (El nivel de espíritu, Por qué la equidad hace sociedades más fuertes) dan buenas razones para preocuparse por la igualdad.

Si observamos la relación entre ingreso económico por persona y lo comparamos con algunos datos asociados al bienestar (principalmente en salud, ámbito más familiar para el campo de los autores) veremos que existe una relación entre ingreso y bienestar. O sea, que mientras más alto sea el ingreso por persona en un país, mejor bienestar. Sin embargo esta relación se desdibuja totalmente por sobre los 20.000 USD per capita, donde agregar más dinero no asegura ninguna mejora. 



Ingreso per capita v/s Expectativa de vida

Sin embargo, estos investigadores empiezan a hacer sentido cuando ordenan los datos de bienestar y los comparan con los de desigualdad del ingreso en vez del ingreso simplemente. Y el resultado es muy llamativo. Entre los países de ingresos altos, el bienestar aumenta donde la desigualdad es menor.


Indice conformado por expectativas de vida, educación, mortalidad infantil, tasa de homicidios, tasa de gente en prisión, embarazo adolescente, confianza, obesidad, enfermedades mentales, movilidad social. V/S desigualdad del ingreso.

Los autores explican el efecto de la desigualdad en el bienestar a través del nivel del estrés (cortisol). Según ellos la desigualdad genera estrés permanente, la gente tiene mayor preocupación por la opinión de los demás, se es más inseguro y depresivo, se desarrollan sentimientos de superioridad e inferioridad, lo que repercute en la salud y por tanto en el bienestar, tanto de ricos como de pobres. ¿Has sentido la presión social de la desigualdad, la angustia de la comparación constante? (más info en TED)


Fuentes:

Richard Wilkinson and Kate Pickett, 2009 ,The Spirit Level: Why Greater Equality Makes Societies Stronger.
Daron Acemoglu y James Robinson, 2012, Why nations fail.

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