En los últimos años, el incremento de la criminalidad y la violencia se ha consolidado como una de las preocupaciones más apremiantes tanto en Latinoamérica como a nivel global. Ante la desesperación de la ciudadanía, la respuesta de la clase política suele caer en el "populismo penal": promesas electorales de condenas desmesuradas, militarización de las calles y la creación de mega-prisiones que, aunque calman temporalmente la indignación pública, carecen de un respaldo científico real. El debate público se ha polarizado en discursos ideológicos que ignoran los datos, convirtiendo la seguridad en un botín electoral. Sin embargo, la criminología cuantitativa y la economía del comportamiento llevan décadas estudiando de manera rigurosa qué factores causan realmente las fluctuaciones en las tasas de delincuencia. Para diseñar políticas públicas que salven vidas de verdad, es indispensable cruzar el puente de la retórica política y adentrarse en las teorías científicas que, mediante experimentos de campo, econometría y datos empíricos robustos, sí han logrado demostrar su efectividad.
Mayor desigualdad, mayor el "premio" y mayor el crimen
Imagina que eres un robot sin juicio moral sobre lo bueno, lo malo, lo legal o lo ilegal; solo eres un procesador racional que calcula el riesgo y el beneficio de cada una de sus acciones. Al despertar, el sistema te presenta dos opciones para conseguir recursos: trabajar ocho horas cargando cajas para obtener una remuneración mínima o asaltar un camión de mercancía valiosa que te tomará media hora. Como robot, no sientes culpa ni remordimiento; simplemente mides la probabilidad de que te atrape un guardián, la sanción en caso de captura y el valor del botín. Si el salario legal es miserable y el botín es gigantesco, respetar la ley deja de ser una obligación ética para transformarse en un cálculo de rentabilidad puramente negativo. No, los delincuentes no son robots, pero la vida les enseña a hacer el mismo cálculo. Y quizás justamente porque no son robots, es que la matemática los golpea más duramente y deben dejar de lado sus propios límites éticos.
Este es el núcleo del célebre modelo de elección racional formulado por el Premio Nobel Gary Becker, quien formalizó el delito como una ecuación matemática donde la decisión de delinquir depende de la probabilidad de condena, la gravedad del castigo y las oportunidades socioeconómicas disponibles: $O=O(p,f,u)$
Además, bajo esta lógica, el encarcelamiento sistemático degrada el capital humano legal del individuo, lo que explica científicamente la reincidencia como una decisión racional: al salir de prisión, sus oportunidades laborales legítimas son aún más bajas, haciendo que delinquir vuelva a ser su opción financiera más viable
Más pupitres y mejores salarios destruyen los incentivos de comenzar a delinquir
Imagina que estás decidiendo entre matricularte en la universidad para graduarte como programador de software o unirte a una banda local para asaltar transeúntes. Si sabes que tu título te garantizará un empleo estable con un salario alto y comodidades, pasar tres años en una celda hacinada tras ser arrestado representa un costo descomunal: no solo perderás tu libertad presente, sino también cientos de miles de dólares en ingresos futuros que habrías ganado legalmente. El valor de tu tiempo legal es tan inmenso que arriesgarlo por un robo de pocos billetes resulta absurdo. En cambio, si tu única perspectiva legal es un empleo informal sin salario mínimo, el costo de perder ese futuro es prácticamente cero.
Esta dinámica describe el "costo de oportunidad" teorizado en el desarrollo del capital humano. Los economistas Lance Lochner y Enrico Moretti demostraron de forma causal, utilizando cambios históricos en las leyes de escolaridad obligatoria en Estados Unidos, que la educación es uno de los inhibidores estructurales más potentes del crimen
Más ojos vigilando en la calle importan mucho más que celdas más oscuras
Imagina a un conductor que va a gran velocidad por una carretera desierta. Sabe que la multa si lo atrapan es moderada, pero nota que hay una patrulla de policía estacionada de manera visible cada kilómetro. El conductor frena de inmediato; la certeza de que será detectado es del 100%. Ahora, imagina la misma autopista completamente vacía, pero con un cartel gigante que reza: "Pena de muerte para quien exceda el límite de velocidad". El conductor mira a su alrededor, asume que nadie lo vigila y decide pisar el acelerador al fondo, convencido de que la brutalidad del castigo es irrelevante porque nadie estará allí para imponerlo.
Este principio psicológico y económico diferencia la "certeza" de la "severidad" en la disuasión del delito
La ocasión hace al ladrón, pero una buena cerradura deshace la ocasión
Imagina que un lobo hambriento camina por el bosque y se topa con una oveja descarriada sin pastor a la vista; el ataque es inevitable. Sin embargo, si encerramos a la oveja dentro de un corral de alta seguridad con cercas electrificadas, el lobo, por más hambriento y motivado que esté, se verá obligado a seguir de largo sin comer. No tuviste que reeducar al lobo, ni convencerlo de ser vegetariano, ni encerrarlo en una jaula por el resto de su vida; simplemente alteraste las condiciones del espacio físico para hacer que el ataque fuera imposible.
Este es el fundamento de la Teoría de las Actividades Rutinarias de Cohen y Felson y la "Hipótesis de la Seguridad" de Graham Farrell, que sostienen que el delito ocurre cuando coinciden en el espacio y tiempo un ofensor motivado, un objetivo atractivo y la ausencia de protección
La inflación vacía los bolsillos legítimos y enciende el mercado negro
Imagina un joven de clase baja que termina la escuela en medio de una profunda recesión económica. Al salir al mercado laboral, se encuentra con que no hay una sola vacante disponible y el seguro de desempleo es inexistente. En medio de la desesperación por pagar el alquiler y comprar comida, un conocido le ofrece dinero rápido por transportar mercancía ilegal. El joven acepta. Es arrestado en su primer encargo. A partir de ese día, el registro de antecedentes penales destruye de por vida cualquier posibilidad de conseguir un empleo formal y decente, condenándolo a una carrera delictiva permanente.
La coyuntura económica influye en el crimen a través de canales directos e indirectos. Investigaciones econométricas muestran que ingresar al mercado laboral durante una recesión provoca una cicatriz duradera en los jóvenes marginados, aumentando significativamente su probabilidad de por vida de ser arrestados o terminar encarcelados debido al impacto inicial en sus ingresos legítimos
Interesante, pero sin consenso
La hipótesis de la legalización del aborto y el crimen:
Formulada originalmente por John Donohue y Steven Levitt, postula que la legalización del aborto en EE.UU. en 1973 redujo las tasas de criminalidad en la década de 1990 al evitar el nacimiento de niños no deseados en entornos de alta vulnerabilidad socioeconómica
La hipótesis del plomo ambiental:
Esta conocida tesis sostiene que la masiva reducción de la delincuencia a finales del siglo XX se debió a la prohibición del plomo en la gasolina, disminuyendo la exposición infantil a esta neurotoxina que daña la corteza prefrontal y fomenta la impulsividad y la agresión
Las leyes de portación libre de armas ("Right-to-Carry"):
John Lott popularizó a finales de los 90 la tesis de que permitir a los ciudadanos portar armas ocultas disuadía a los delincuentes de cometer asaltos
Tendencias sin evidencias
El aumento de la severidad de las penas y la encarcelación masiva:
El pilar fundamental del populismo penal es que penas brutales y la construcción ilimitada de cárceles detienen la criminalidad
La teoría de las "Ventanas Rotas" y las políticas de Tolerancia Cero:
Popularizada por la gestión de Rudolph Giuliani en Nueva York, esta hipótesis sostiene que castigar de forma implacable las pequeñas incivilidades (vandalismo, evasión del metro, personas sin hogar durmiendo en las calles) previene que se cometan delitos graves como el homicidio
Delicuencia y delicuencias
Finalmente, es vital comprender que la delincuencia no se reduce únicamente a una fría ecuación matemática o a la presencia física de cerraduras y patrullas. El crimen es, en esencia, un fenómeno sociocultural profundamente arraigado en las relaciones humanas: se aprende en el seno de grupos de pares, se contagia por imitación y presión social, y se transmite de generación en generación en comunidades marginadas donde el tejido social ha sido devastado. Para que la actividad delictiva florezca, se requiere siempre un elemento de alienación y desconexión con el colectivo.
No es extraño, en las sociedades más seguras suelen ser países pequeños donde la desigualdad es menor y hay cierta homogeneidad, por ejemplo, Finlandia y Japón. Es más fácil empatizar y es difícil causar daño a quien uno ve como un igual. Es difícil ser antisocial en una sociedad que acoge y protege a sus miembros. Por el contrario, sociedades con muchos recursos pero profundamente desiguales y segregacionistas tienen niveles mucho más altos de violencia. Por ejemplo, EEUU tiene muchas ciudades con tasas de criminalidad similar o peor que varias capitales de Latinoamérica, pese a que es de las economías de mayor ingreso per capita del mundo.
Para vencer la violencia en Latinoamérica y el mundo, la ciencia nos demuestra que el camino no es la brutalidad estéril del populismo penal, sino la reconstrucción de la educación, el fortalecimiento de la certeza policial y la recuperación de la cohesión comunitaria
Fuentes:
Artículo original: Becker, G. S. (1968). Crime and Punishment: An Economic Approach. Journal of Political Economy, 76(2), 169-217.
Análisis de desigualdad y el "premio al delito": Fajnzylber, P., Lederman, D., & Loayza, N. (2002). Inequality and Violent Crime. Journal of Law and Economics, 45(1), 1-39.
Deprivación relativa: Runciman, W. G. (1966). Relative Deprivation and Social Justice. University of California Press.
Artículo original (Efecto causal de la educación): Lochner, L., & Moretti, E. (2004). The Effect of Education on Crime: Evidence from Prison Inmates, Arrests, and Self-Reports. American Economic Review, 94(1), 155-189.
Marco teórico del capital humano y criminalidad: Lochner, L. (2004). Education, Work, and Crime: A Human Capital Approach. International Economic Review, 45(3), 811-843.
Artículo original (Elasticidad y corrección de errores): Chalfin, A., & McCrary, J. (2018). Are U.S. Cities Underpoliced? Theory and Evidence. Review of Economics and Statistics.
Efectos distributivos y dividendo de arrestos: Chalfin, A., & McCrary, J. (2018). The Effect of Police on Crime: New Evidence from Race-Specific Estimates.
Origen de Actividades Rutinarias: Cohen, L. E., & Felson, M. (1979). Social Change and Crime Rate Trends: A Routine Activity Approach. American Sociological Review, 44(4), 588-608.
La "Hipótesis de la Seguridad" (Seguridad tecnológica y caída del crimen): Farrell, G., Tilley, N., Tseloni, A., & Mailley, J. (2008). The Crime Drop and the Security Hypothesis. British Society of Criminology Newsletter, 62, 17-21.
Impacto de la Pandemia de COVID-19 (Experimento natural global): Nivette, A. E., et al. (2021). A global analysis of the impact of COVID-19 stay-at-home restrictions on disaster and crime in 27 cities. Nature Human Behaviour, 5, 1514–1522.
Efecto cicatriz en jóvenes durante recesiones: Bell, B., Bindler, A., & Machin, S. (2018). Crime Scars: Recessions and the Making of Career Criminals. Journal of Political Economy, 126(3), 1163-1199.
Elasticidades del desempleo y recesión contemporánea: Raphael, S., & Winter-Ebmer, R. (2001). Identifying the Effect of Unemployment on Crime. Journal of Law and Economics, 44(1), 259-283.
Inflación y delincuencia adquisitiva (Cointegración y demanda de bienes robados): Tang, C. F., & Lean, H. H. (2007). Will Inflation Increase Crime Rate? New Evidence from Bounds and Modified Wald Tests. Global Crime, 8(4), 311-323.
La hipótesis del aborto y el crimen (Original): Donohue, J. J., & Levitt, S. D. (2001). The Impact of Legalized Abortion on Crime. Quarterly Journal of Economics, 116(2), 379-420.
Réplica y detección del error de código: Foote, C. L., & Goetz, C. F. (2008). The Impact of Legalized Abortion on Crime: Comment. Quarterly Journal of Economics, 123(1), 407-423.
Actualización de dos décadas: Donohue, J. J., & Levitt, S. D. (2019). The Impact of Legalized Abortion on Crime over the Last Two Decades. American Law and Economics Review, 21(2), 269–326.
Meta-análisis del Plomo Ambiental (Sesgo de publicación): Higney, A., Hanley, N., & Moro, M. (2022). The lead-crime hypothesis: A meta-analysis. Regional Science and Urban Economics, 97, 103826.
Efectos reales de la portación libre de armas (Right-to-Carry): Donohue, J. J., Aneja, A., & Weber, K. D. (2019). Right-to-Carry Laws and Violent Crime: A Comprehensive Assessment Using Panel Data and a State-Level Synthetic Control Analysis. Journal of Empirical Legal Studies, 16(2), 198-247.
La ilusión de la severidad y retornos decrecientes de la prisión: Gainsborough, J., & Mauer, M. (2000). Diminishing Returns: Crime and Incarceration in the 1990s. The Sentencing Project.
Efecto nulo del encarcelamiento post-2000: Stemen, D. (2017). The Mass Incarceration Myth: More Incarceration Will Not Reduce Crime. Vera Institute of Justice.
Teoría de Ventanas Rotas (Original): Wilson, J. Q., & Kelling, G. L. (1982). Broken Windows: The police and neighborhood safety. The Atlantic Monthly.
Falta de impacto de las políticas de orden táctico en la criminalidad: Braga, A. A., et al. (2024). The effects of hot spots policing crackdowns on neighborhood residents: Results from a randomized field experiment.
Teoría de la Eficacia Colectiva (Contrapropuesta a Ventanas Rotas): Sampson, R. J., Raudenbush, S. W., & Earls, F. (1997). Neighborhoods and Violent Crime: A Multilevel Study of Collective Efficacy. Science, 277(5328), 918-924.